No sé cómo, pero nos robaron la esperanza.
Todavía no entiendo de dónde salieron y cómo los dejamos entrar. Hoy tienen tomada la cocina, las plazas y la justicia.
Ahora cuesta soñar, pero es todo lo que nos queda; imaginar más fuerte, más colorido, con mucha vida. Porque ellos vienen predicando muerte, marchan y avanzan con puro miedo y odio. Por eso no debemos temerles, por eso debernos soñarnos. Difícil ser sembradores de amor, cuando éstos no dejan de talar el bosque. Imposible vencerlos por la fuerza, ellos tienen todas las armas. Pero a nosotras, nos queda el corazón, que además de amar, sirve para resistir, porque aquí se lucha con la memoria, con la poesía, con los cantos y con el agua. Y mientras siga latiendo, no ganarán. Quién sabe si el futuro sea nuestro, pero en los planes de ellos no hay futuro. En cambio aquí, siempre hay un mañana alegre allá pasando las montañas.