—¡Guardemos este abrazo para siempre!
-Pero los abrazos no pueden guardarse
—Bueno, ¿podemos guardar nuestras sombras?
-Dicen los señores de bata que tampoco se puede.
—Lo bueno es que no somos señores, y tampoco tenemos batas. ¡Aunque no estaría mal tener batas! Armaríamos un batidillo y tomaríamos batidos.
-Mira, nos parecemos a esa roca que me regalaste en primer semestre. Te dije que era mi piedra y me devolviste una nota pidiendo que no fuera determinista y que dejara ser a la roca.
—Es cierto, deja ser a la roca. Y déjame tomarle una foto a nuestras sombras. Y no me dejes de abrazar.